En el portal de la Villa Mariana, encontramos a una anciana amiga mía, Olga P., quien estaba sentada afuera disfrutando de la tibia tarde otoñal. Como de costumbre, sentada en su silla de ruedas con sus piernas cubiertas por una frazada. Ella había estado en esa silla de ruedas por años. Era pequeña en estatura y ligeramente deforme, debido a una parálisis cerebral que había sufrido de nacimiento. Al tiempo de esta historia, Olga tenía cerca de 83 años pero su alma brillaba vivamente en sus ojos y su sonrisa, amplia y cálida, nos saludaba siempre dándonos la bienvenida. Olga era una Cristiana firme e incondicional, de formación Protestante.
Mientras conversábamos, le comenté por qué estábamos ahí. Cuando le pregunté si quería que rezáramos con ella, simplemente asintió con la cabeza “sí”. El Dr. Michael nos guió con una oración corta a Dios, a través de la intercesión de Nuestra Señora, y tocó la frente de Olga con su medalla de la Virgen (que fue bendecida con Sus besos en Garabandal). Fue una oración breve, sincera y simple, como lo era Olga misma. Luego la dejamos y fuimos adentro para llevar a cabo nuestras citas prefijadas con otros residentes del hogar.
Tres días más tarde, mientras realizaba mi recorrido de rutina
por la Villa, visité a Olga como de costumbre. Cuando entré
en su habitación, ella exclamó radiante: “¡Mi pie derecho
está enderezado!” Ella tenía el pie derecho deforme de
nacimiento (un pie torcido) que estaba acomodado por una abrazadera
correctora de plástico, muy dura. Cuando se sentó en la cama
preparándose para ir al comedor para desayunar, me mostró
su pie derecho y, efectivamente estaba enderezado. ¡Su pie se
encontraba perfectamente recto por primera vez en su vida! Se
sentía más fuerte y más viva que nunca. Su alegría
se desparramaba por todas partes.
Su gozo y profunda gratitud a Dios era de lo más evidente. Preguntó quién hizo esto por ella y le respondí que habíamos rezado pidiendo la intercesión de la Santísima Virgen María, quien apareció en Garabandal, y besó la medalla que Michael tenía en su poder. De este modo, era la Virgen María, quien había hecho este milagro por ella. Muy devotamente Olga preguntó, “¡¿La Santa Madre de Dios hizo esto por mí?! ¡¿Por mí?! Por favor ¿me enseñarías tú la oración que le agrada tanto a Ella? Para que pueda agradecerle. Hice un esbozo rápido del “Ave María” en un pedazo de papel, para Olga.
Salió para desayunar, llena de alegría y sin el corrector de plástico en su pie derecho. Por primera vez en su vida fue capaz de utilizar zapatillas, un par común de zapatillas, en ambos pies.
Más tarde, se les avisó al Dr. Rozeluk y a Helen acerca del suceso, y todos dimos gracias a Dios por Sus dones maravillosos, y por su amor especial hacia Olga, Su hija amada. El Obispo Roman Danylak, quien en ese momento era Obispo de Toronto, también fue notificado y vino junto a nosotros para observar por sí mismo, el ahora enderezado pie.
Algunas fotografías fueron tomadas como evidencia del gran regalo de Dios para Olga. Las fotografías de esta página muestran lo recto que se encuentra el pie ahora, ambos pies son normales.
El historial médico de Olga fue obtenido. Certificaba por escrito la observación de su médico de que Olga tenía un pie torcido. Pero Dios, en Su gran misericordia y amor por Olga, hubo corregido aquello. Y Olga, habiendo recibido tanta bendición, inmediatamente empezó a hablar a otros sobre el amor de Dios. Comenzó a orar diariamente a la Santísima Virgen María. Y esto otra vez demuestra la verdad de las promesas de Nuestra Señora en Garabandal, que “a través de Sus besos, Su Hijo, Jesús, realizaría prodigios por todo el mundo”. Gracias, queridísima Madre; Gracias, Jesús; Gracias, Dios.
Nota entregada respetuosamente para Gloria de Dios a través de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Garabandal.
A. Teresa
Ontario, Canadá
