Curación de Tumor Cerebral

La historia de Jane, Septiembre de 1998     Actualizada en Junio de 2001

Testimonio de Homenaje a la Gracia de Dios

    El 6 de marzo de 1998, fui diagnosticada de un tumor cerebral maligno, del mismo tipo de aquel que cobró la vida de mi padre 7 años antes. El pronóstico era desalentador: mi padre falleció a los 6 meses después de habérsele diagnosticado el tumor y yo sentía una tristeza abrumadora por la posibilidad de abandonar este mundo, de abandonar a mi esposo y a mis hijos a tan temprana edad. Estaba por cumplir recién los cuarenta años y esperaba con ilusión ver en su totalidad el resto de mi vida. Ahora me encontraba confrontada con la mortalidad, un tema con el cual es difícil lidiar a cualquier edad.

    Cuando las siguientes semanas avanzaron, me encontré a mí misma siendo fortalecida por el amor y el cariño de aquellos que en forma gratuita me daban el apoyo que tan  desesperadamente necesitaba. A medida que eran más difíciles los momentos, también me daba cuenta que continuamente me estaba convirtiendo en depositaria del amor y la bondad de otros, y sentía que esa gente hubo sido enviada a mí por un poder superior, de manera a que pudiera comenzar a curarme. Cada acto de bondad fortalecía mi espíritu y me permitía ver todo lo bueno que me rodeaba. Comencé a darme cuenta que mi vida tenía un importante propósito y que estaba recién comenzando a embarcarme en un viaje, el cual, a su debido tiempo, me revelaría cuáles eran los planes de Dios para mí, y que El dirigiría todos los pasos que me conducirían a realizarlos. Ya había alcanzado un sentimiento de paz con el mundo pero me quedaba mucho todavía por recorrer. Sabía que algo era todavía necesario en mi vida para completar el proceso de curación que había emprendido.

    Siempre había creído en Dios, lo había adorado y aún,  sin embargo, en los últimos años, lo había apartado de mi lado, para gastar mis energías en forma egoísta en satisfacerme a mí misma y centrarme en alcanzar logros materiales. Mi Fe se hubo debilitado y comencé a preocuparme por los aspectos banales de la vida diaria, no por los espirituales. Recientemente, me encontré a mi misma queriendo ligarme de nuevo a Dios. Me di cuenta que la fuerza más grande que podía tener residía en mi Fe en Dios, y que solamente El podía ayudarme en esta travesía.  Empecé a rezarle a  Dios varias veces al día, agradeciéndole sinceramente por todo lo que me hubo dado y continuaba dándome, y pidiéndole por el perdón de mis pecados así como también sus orientaciones en cómo conducir mi vida.

    Comencé a asistir a las Misas de curaciones celebradas cada Miércoles por el Obispo Danylak en la Catedral Católica Ucraniana de San Josafat en Toronto. Después de estas misas me encontraba profundamente conmovida cuando iba con otros feligreses a recibir la unción del obispo. Después de la unción, Michael y Helen Rozeluk rezaban  sobre mí con sus medallas tocadas con la de Joey Lomangino que fue besada por Nuestra Señora en Garabandal, pidiendo la gracia de Dios para
sanarme.

    El 16 de Septiembre de 1998, regresé al Hospital para una tomografía computarizada, y me quedé absorta al enterarme de que no había evidencia alguna de enfermedad! ¡Qué milagro!, más todavía cuando sabía yo lo agresivo que era este tipo de cáncer. No solamente tengo mis relaciones con Dios fortalecidas sino verdaderamente siento que El está respondiendo a mis plegarias. Y aún teniendo gran confianza en mis doctores y en los tratamientos que me proveen, sé que es Dios el que está obrando en mi vida y continuará cuidándome. El nunca me hubo abandonado.

    Me siento realmente bendecida, y oro para que otros abran sus corazones a Dios, como lo he hecho yo, para recibir Su amor y Su compasión – Son los más grandes dones que existen.

Jane McNulty-Smith
Newmarket, Ontario, Canada

P.S.: Hasta Junio de 2001, Jane ha sobrellevado 15 escaneados cerebrales adicionales  y 4 MRI.
¡Todos han arrojado un resultado negativo para la incredulidad de su Médico! ¡Alabado sea Jesucristo!
 
ED: Hoy Jane nos escribe un poco más: En lo que respecta al tumor cerebral, después de más de 3 años de mi diagnóstico continúo en remisión (ellos jamás dirán curación ya que esta enfermedad no tiene cura conocida desde el punto de vista médico). Sin embargo, mi Fe me dice que Dios ha jugado un papel crucial en mi bienestar y que es a través de su guía que yo he podido encontrar un gran propósito en mi vida. Llevo a cabo la obra de Dios todos los días de muchas maneras, algunas de las cuales son mi voluntariado para un programa diario en un Hospicio, visitas a enfermos en los hospitales, y siempre estar con ganas de ayudar a aquellos que necesitan más que yo. Físicamente, mentalmente pero lo más importante de todo: espiritualmente, estoy bien, y le debo todas las Gracias que hay en mi vida a Dios, espero y rezo que todos aquellos que lean mi historia sean inspirados para creer que a través de las incertidumbres de la vida, aquel que permanece invariable, firme,  constante, y en quien siempre se puede confiar,  es Dios.  Dios los bendiga. - J. Mc-S.


Traducido por el Dr. Walter dos Santos Antola - Paraguay