Curación de Leucemia
Ahora, ya después de tres años!
Fe, Confianza y Milagros
28 de marzo de 1999

    La felicidad existe, soy como muchas personas que ustedes conocen, ya sean amigos, cooperadores de Nuestra Señora, o algún miembro de su familia. Nací en el área de Toronto. Me casé con mi “corazón de melón” de la secundaria y fuimos bendecidos con dos niños hermosos y sanos: el primogénito fue un varón y luego muy pronto, una pequeña hermanita para Miguel, la que completó nuestra familia.  En pocas palabras, pensé que teníamos todo. Somos una familia normal con buenas y malas experiencias. Mi esposo y yo fuimos criados como buenos católicos, y estamos criando a nuestros hijos de la misma
forma. Decía mis oraciones antes de dormir y siempre recordaba agradecer a Dios por sus maravillosas y numerosas bendiciones.

    En Octubre de 1994, nos quedamos pasmados cuando nuestro hijo Miguel de ocho años fue diagnosticado con Leucemia. Nuestra vida hasta el momento perfecta se hizo trizas. Nos quedamos asustados y confundidos, anhelando solamente que se tratara de un sueño atroz del cual despertaríamos pronto. ¿Cómo podría esto estar pasándonos a nosotros? ¡Nuestro hijo hubo sido siempre muy saludable!  Pero como se presentaba la cosa, no era un sueño; era la pesadilla que tendrían muchos
padres, y estábamos aterrorizados por lo que nos esperaba más adelante. Supimos instintivamente que se trataría de una verdadera prueba para nuestra familia y para nuestra Fe.

    En un principio, era lo desconocido lo que nos había asustado tanto, pero a medida que fuimos enterándonos, había aún menos de lo cual quedarse tranquilo con respecto al tratamiento del cáncer y, por supuesto, todos nuestros miedos aumentaron ante la realidad de ver sopesar en la balanza la vida de un niño de ocho años. La cruda verdad era que Miguel necesitaría completar tres años de quimioterapia. Los primeros seis meses, eran un continúo entrar y salir del hospital. Se le administró quimioterapia diariamente y tres semanas de irradiación directo a su cabeza. Estos seis meses de intensa quimioterapia fueron duros para Miguel, y para nosotros, los padres, una cruz. Miguel se sentía enfermo la mayor parte del tiempo y la añoranza por la escuela y sus amigos agravaba el problema. Toda la conmoción era muy fuerte para mi esposo y para mí, pero sabíamos que debía ser incomprensible para  nuestro jovencito. Parecía todo tan injusto. Miguel perdió el año completo del tercer grado. Rezábamos diariamente y nuestra fuerte esperanza nos ayudó a sobrellevar los primeros terribles seis meses de intenso tratamiento.

    La siguiente fase del tratamiento es conocida como la fase de mantenimiento. Este período fue más fácil para Miguel. La quimioterapia ya solamente se le aplicaría cada dos semanas los siguientes dos años y medio. Pudo retornar a la escuela hasta que su salud mejorase, pero no a tiempo completo. Estaba tan ansioso por ver de nuevo a todos sus compañeros, pero un tanto nervioso por no saber como reaccionarían al verlo con menos cabello, ya que la caída del pelo es un efecto colateral común de la quimioterapia.  Decidimos que su primer día de regreso a la escuela sería “un día de usar sombrero”. Esa mañana, llegamos a la escuela, y cuando Miguel dio un primer vistazo un poco vacilante a la clase, encontró con sorpresa que también era “un día con sombrero” para todos los otros. Estaba tan contento; fue en realidad la primera vez en seis meses que dibujó una sonrisa en su rostro. Viendo la sonrisa de mi hijo después de tantos meses de dolor y quebranto, derramé unas lágrimas de alegría. Supe entonces que desde esa vez nunca volvería a desmerecer una sonrisa, ni a tomarla como si nada.

    En todo este tiempo, asistíamos a la iglesia y rezábamos el rosario frecuentemente. En mis oraciones pedía a Dios dos cosas: primero – mantener a Miguel en remisión y nunca permitir una recaída; segundo: que Dios nos diera toda la fuerza necesaria para cargar esta cruz tan pesada. Fueron momentos muy duros para todos nosotros, pero en toda esta lucha, estaba mi hija Samanta, nuestro angelito. Ella quedó obviamente triste por la enfermedad de Miguel y siempre antepuso las necesidades
de su hermano sobre las suyas. Tenía apenas cuatro años cuando a Miguel le diagnosticaron el cáncer, y a veces era difícil disponer del tiempo requerido para ambas criaturas.

    El 14 de Octubre de 1997, Miguel completó su último día de quimioterapia. Este fue un día de emociones distintas, ya que el organismo de Miguel debía ir adelante por sí  mismo desde ahora. Para saber si los tratamientos habían funcionado, debía permanecer libre de cáncer por dos años sin medicamento alguno. Si lo hacía, se lo consideraría curado, pero si recaía, necesitaría de nuevo más quimioterapia y transplante de médula ósea para sobrevivir.

    Nuestra pesadilla continuó, cuando el 6 de enero de 1998, nuestros médicos detectaron que Miguel había , de hecho, tenido una recaída, solo tres meses después de que el primer ciclo de tratamientos hubiera terminado. La poca cantidad de tiempo que le tomó al mal reaparecer no era una buena señal. Mi marido y yo estábamos devastados, pensamos que íbamos a perder a nuestro hijo. Los dos empezamos a dudar de Dios. ¿Por qué no está contestando nuestras plegarias? Después de todo, nunca habíamos tambaleado en nuestra Fe. Además,  ¿ya no habíamos tenido suficiente la familia toda y este pobre niño de once años?

    Inmediatamente, una fuerte quimioterapia se reanudó para Miguel. Necesitó ser puesto de nuevo en remisión completa antes de que un transplante de médula ósea sea considerado. Más todavía, un transplante exitoso necesita de un donante que tenga una perfecta compatibilidad. Hermanos y otros miembros de la familia son analizados primero, ya que estos son los especimenes que demuestran mayor grado de similitud para lograr compatibilidad de médula ósea. Samanta se decepcionó al enterarse de que ella no era compatible para Miguel. A esta instancia, comenzó una búsqueda mundial del donante. Estuvimos bastante perdidos; el control de la situación parecía escaparse de nuestras manos. La vida de nuestro niño ahora dependía del azar, de la suerte en encontrar a un perfecto extraño, con las características necesarias de compatibilidad, antes de que fuera demasiado tarde.

    Rezaba día y noche por un milagro. Miguel lloraba de noche, deseando que su cuerpo no fuera atormentado de nuevo con los efectos de la radiación. Entre los posibles efectos de un tratamiento prolongado se encuentra la esterilidad para la reproducción. Así, en suma a todo lo demás, también nos preocupaba que esta terrible enfermedad privara a Miguel de la alegría de traer vidas al mundo, y a nosotros, de la distante felicidad de ser abuelos de los niños de nuestro hijo. Estos pensamientos molestaban mucho a Miguel, y continuábamos rezando todos juntos por un milagro.

    Con los deseos de mi hijo en mente, mi marido empezó a buscar alternativas. Haciéndolo, conoció a Angela. Angie misma había experimentado un transplante de médula ósea dos años atrás. Ella comenzó a hablarnos sobre el Dr. Michael y Helen Rozeluk y cómo ellos habían orado sobre ella con la medalla de Nuestra Señora de Garabandal besada por la Virgen misma. Después del rezo, Angie recibió el don tan maravilloso de la curación. Nos sugirió que el Miércoles fuésemos a la misa de sanación en la Catedral Católica Ucraniana de San Josafat en Toronto.

    Sin embargo, el día correspondiente a la próxima ceremonia de sanación, Miguel iba a ser admitido de vuelta en el hospital para su siguiente sesión de quimioterapia. Estábamos decepcionados debido a nuestra ansiedad por intentar esta nueva alternativa basada en la Fe, antes que retornar al penoso ciclo de radiaciones y enfermedad que ya tanto nos había debilitado. Mi esposo me dirigió estas palabras, “Creo que ya estaba dispuesto que no fuéramos a misa esta noche”. Al ingresar al hospital, se requirió una serie de estudios sanguíneos que les informara a los doctores si la sangre de Miguel estaba en niveles adecuados para recibir quimioterapia. Con maletas en mano esperamos los resultados. La enfermera vino y dijo, “Buenas noticias. Hay una pieza lista para Miguel pero todavía debemos esperar por los resultados de sus pruebas antes de internarlo”. Nos aseguró que los resultados estarían bien. Una hora más tarde regresó la enfermera con una expresión extraña en su rostro, pregunté rápidamente qué ocurría. Procedió a informarnos que los niveles en la sangre eran muy bajos para empezar la
quimioterapia. Mi marido dijo, “Es extraño. Los niveles sanguíneos deberían estar normales a esta altura del tratamiento”. Respondí, “No, no es extraño. Alguien quiere que estemos presentes en esa misa de sanación esta noche!”

    Llegamos a la iglesia a las 7 de la tarde. Después de misa, Angie nos presentó a Helen Rozeluk. Cuando Helen comenzó a orar sobre Miguel con su medalla – relicario, comencé a llorar. Después de la oración, nos dijo que vayamos a confesarnos y que luego retornáramos para la misa del Domingo de modo tal que el obispo Danylak también rezara por Miguel. Hicimos como se nos dijo. Nos confesamos el Jueves. El viernes, visitamos al Dr. Michael en su consultorio dental, donde él también hizo una oración sobre Miguel con su Medalla. Posteriormente el Domingo volvimos a la Catedral de San Josafat para la Santa Misa.  Después de la misma, el Obispo Danylak rezó sobre Miguel del mismo modo; fue una experiencia reconfortante. Luego el Obispo diría, “Estará bien.”

    Quise creerlo, pero no pude ver ningún cambio en Miguel ya que la Leucemia es un desorden interno. No era como si hubiese estado tullido y luego de repente pudiese caminar. Necesitaba ver por mí misma alguna evidencia tangible de que nuestro largo avatar podría haber llegado a su fin. Entonces le pedí a Dios que permitiera que el cabello de Miguel creciese de nuevo. Bueno, en pocos días empezó a crecerle el cabello otra vez. Estaba yo anonadada. Llamé al hospital para preguntar si era normal que el cabello de Miguel esté creciendo. Me dijeron “No, hasta seis meses después de finalizar la quimioterapia”.

    Supe entonces que nuestras oraciones habían sido escuchadas. Miguel había sido curado de Leucemia y ya no necesitaba más quimio ni transplante de médula!. Suspendimos todos los tratamientos! Ni hace falta decir que los doctores pensaban que estábamos locos.

    Ya ha pasado un año ahora desde nuestra última recaída y Miguel se encuentra de maravillas! Nuestro médico nunca había visto a nadie en el mismo estado de tratamiento de Miguel que estuviera tan bien y sin quimioterapia. Dios es una parte constante de nuestra vida diaria y nuestros dos hijos están muy saludables. Nos sentimos increíblemente afortunados y sabemos que verdaderamente fuimos bendecidos. Sabemos que necesitamos creer y confiar en el plan de Dios para nuestras vidas. ¡Los milagros SI ocurren! Miguel es la prueba.

Que Dios los bendiga

N. T.
Ontario, Canadá


Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.