El beso de nuestra Madre María.

Luis Porfirio y familia.

Luis Porfirio y familia fueron salvados milagrosamente por Nuestra Señora durante un grave accidente en las montañas de Méjico.

Por medio del beso que he dado, mi Hijo hará prodigios.

Luis Porfirio y su familia fueron salvados milagrosamente por Nuestra Señora durante un accidente en las montañas de Méjico.

Dice Luis Porfirio:

Con gran alegría relato el gran milagro otorgado por la Santísima Virgen del Monte Carmelo de Garabandal a mi familia que se confió del todo a ella.

Mi nombre es Luis Porfirio Martinez Alvarez; mi esposa se llama Cristina Calva de Martinez, mi hijo pequeño Luis Francisco Martinez Calva y mi madre, Maria Luisa Alvarez de Martinez Penaloza, que puso a su familia entera bajo el cuidado de María.

Durante un largo fin de semana, a primeros de noviembre de 1973, planeamos inicialmente un viaje al Valle de Bravo con algunos amigos, pero cuando supimos que los hoteles estaban llenos, decidimos ir a Morelia. Mi abuela paterna vivía allí y podíamos estar con ella sin preocuparnos por los hoteles.

Fui a decir adiós a mi madre y la dije de nuestros planes para ir a Morelia. Antes de salir, mi madre tomó una estampa besada por la Virgen del Carmen de Garabandal e hizo la señal de la cruz varias veces sobre mi cabeza, mis brazos y el pecho. Ella nunca había hecho esto antes y no sé por qué ella lo hizo ahora.

Cuando llegamos a Toluca, el primer pueblo en nuestra ruta, el tiempo empezó a ponerse mal y aún más subiendo a la montaña.

La lluvia que había caído, en parte se congeló, y la carretera se hizo resbaladiza. Era el primer momento crítico del viaje. Si frenase cuando el coche empezó a patinar, podría haber deslizado directamente contra el tráfico que venía en sentido contrario. Pero por alguna razón, no frené y fue el primer favor de la Bendita Madre ya que no necesité frenar sobre el hielo.

Nuestro viaje continuó sin mayor problema. Después de pasar por Toluca, el crepúsculo comenzó a caer. Cuando alcanzamos Vitacuaro era de noche y nosotros paramos para tomar algo. Recuerdo muy bien que nuestro hijo pequeño, Luis Francisco, se ponía contento cada vez que adelantábamos a otro coche con nuestro pequeño Renault.

Nuestro próximo objetivo era llegar a Ciudad Hidalgo. Llegamos a una bifurcación de caminos, uno que lleva a "Mil Cumbres" y el otro a Cinapecuaro que es el que nosotros tomamos. ¡Qué camino mas horrible!.

Como si fuera una advertencia sobrenatural, algo empezó a hacer ruido en el parte de atrás del coche. Paré a ver lo que era pero no encontré nada. Llevaba buena luz para iluminar la carretera.

El coche cae por un precipicio.

Íbamos ascendiendo y las curvas eran cada vez más cerradas y la carretera se estrechaba cada vez más. Repentinamente, el coche resbaló en la arena que cubre la superficie de la carretera y empezó a irse. Pisé los frenos pero era demasiado tarde; la carretera giraba a la izquierda y el coche continuó directamente adelante hacia el precipicio.

Se veía el barranco, repleto de árboles y obstáculos. El coche comenzó a dar vueltas, todos los cristales se rompieron en pedazos. Fuimos golpeados violentamente con todo tipo de cosas que golpeaban nuestros cuerpos y las caras; pero milagrosamente nada malo nos sucedió a nosotros. Recuerdo el pensamiento de que moriría.

En esos pocos segundos que yo estaba asustado, sentí una fuerte Presencia que viene hacia mí; sentí que era Dios. Todo esto sucedió tan rápido que no tuve tiempo de hacer un acto de arrepentimiento. Estaba tan asustado que me olvidé hasta de mi esposa y de mi hijo.

Salí del coche que estaba volteado; el techo se aplastó contra los asientos menos donde me había sentado como si la mano santa de la Virgen me hubiese estado protegiendo la cabeza.

Comencé a llamar a gritos a mi esposa y a mi hijo de año y medio que yo me imaginé había sido despedazado. Mi esposa me contestó, desde cerca del coche, con nuestro hijo al lado de ella.

¡Qué milagro de Nuestra Madre y la Reina del Cielo, Nuestra Señora del Carmen de Garabandal!.  Salimos sin un rasguño. El coche había chocado contra un tronco de árbol que lo había parado de ir más abajo.

No había huesos rotos, nada. El examen del doctor mostraba que las costillas se habían magullado por la fuerza del golpe, pero no había roturas. Cuando nos dimos cuenta de que estábamos bien, rezamos en acción de gracias a Dios y a la Santísima Virgen por este milagro.

¿Cómo salimos vivos?, es totalmente inexplicable. Cuando fui a buscar el coche, que había sido remolcado a Zinapecuaro, el comandante de la zona me dijo:

-- ¿Cómo pudo usted salir vivo?. Todos que los que se han salido en esa curva, han muerto.

Lo decía a causa del gran número de  accidentes mortales que han ocurrido allí.

Mi familia y yo estamos siempre dispuestos a proporcionar las pruebas de la verdad de este milagro extraordinario. Yo nunca me olvidaré de la bendición que mi madre me dió, tocándome con la estampa milagrosa de la Bendita Virgen de Garabandal.

¡Muchas gracias, Virgen Santísima del Carmen de Garabandal!.

Luis Porfirio Martinez Alvarez.
Cristina Calva de Martinez, México.