| La siguiente es una historia verdadera de otro milagro. Nuestra Señora en Garabandal, intercedió y obtuvo la gracia de la curación completa de George Retzlaff quien parecía destinado a morir. Nunca debemos rendirnos en la Fe y la Esperanza... aún de cara a lo imposible. |
George Retzlaff restituido a la vida
Unos
pocos años atrás, en Noviembre de 1996, mi esposa, Wanda,
y yo decidimos asistir a la primera "Misión de Abrazar la Eucaristía".
Se llevaría a cabo en la Catedral de la Transfiguración en
Markham, Ontario, bastante lejos del pueblo donde residíamos. La
Visionaria Jacinta de Garabandal
y Joey Lomangino estaban también presentes.
No sintiéndome bien, tuve que retirarme temprano, de modo que no
pude llevar a cabo mi intención original de besar la medalla de
Joey, medalla que fuera besada por Nuestra Señora en Garabandal.
Partimos algo decepcionados y pasamos la noche en casa de unos amigos que
vivían cerca, ya que no vivíamos en la zona
Precisamente al cabo de unas pocas semanas, mi salud empeoró progresivamente, y eventualmente fui internado en la sala de terapia intensiva del Hospital General de Toronto. A comienzos de Diciembre de 1996, a la edad de 75, se me practicó el segundo reemplazo de mi válvula mitral ya que el primero estaba filtrando, (la válvula mural está situada entre la aurícula izquierda y el ventrículo izquierdo, y prevé que no ocurra regurgitación de la sangre cuando ésta abandona el corazón durante la sístole y se distribuye por todo el organismo... N. de T.) Después de la operación, los médicos no podían detener el sangrado interno, y dijeron que deberían probablemente operar de nuevo y hallar la causa.
Al día siguiente, mi condición todavía se consideraba grave. Pero, sin saberlo yo, mi esposa había llamado al Dr. Michael Rozeluk y su señora esposa Helen, para pedirles que vinieran al hospital e hicieran una oración por mí. Les contó sobre la extrema seriedad de mi condición y echó a llorar. Dijeron que vendrían tan pronto como pudieran.
Los Rozeluks contactaron con el Obispo Román Danylak, le pusieron al tanto de mi difícil situación. Le solicitaron que viniera a mi sala de internación ya que mi condición era crítica, a lo cual él generosamente accedió. Ese mismo día, aproximadamente a las tres de la tarde, los tres llegaron juntos - Helen y Michael, y el obispo Danylak. La enfermera a cargo de la sala de terapia intensiva se mostró algo sorprendida, pero asintió en dejarlos pasar junto a mí. Les alertó que me encontraba casi inconciente y no podría responder, que mi situación era entonces bastante seria.
Los tres se aproximaron a mi lecho. Yo no estaba conciente de que ellos
estaban ahí. Wanda había recién salido en busca de
algo para comer. El Obispo me ungió con aceite bendito mientras
el Dr. Michael y Helen continuaban invocando la intercesión de la
Madre de Dios. Colocaron
la medalla - relicario- de Garabandal sobre mi cuerpo casi sin vida.
Aún, no había ni la más mínima respuesta de
parte mía. Cuando se predisponían a partir, el Dr. Michael
se volvió y puso una medalla de Garabandal en mi mano izquierda.
El recuerda que reaccioné apretando la medalla y también
sus manos con las mías. Mencionó esto al obispo y a su esposa
a medida que abandonaban la sala.
Hasta ese momento en particular, por un largo período de tiempo había estado completamente abstraído de lo que sucedía a mi alrededor, ni me percataba de la presencia de personas que venían a visitarme. Wanda recuerda que la enfermera le había mencionado sobre la visita de un obispo y otras personas que habían rezado por mí.
Apenas tres horas más tarde, cerca de las 6 en punto, mi esposa telefoneó al hospital para determinar mi condición. Para entonces ya era yo capaz de gritar desde la sala de terapia a la enfermera que hablaba por teléfono en el escritorio, y decirle que había tenido visitas y que me sentía mucho, mucho mejor (esto sorprendió sobremanera a las enfermeras). El equipo médico también me había informado entre otras tantas cosas, que permanecería en el hospital por un período largo de tiempo y que mi recuperación sería lenta. Sin embargo, al mismo día siguiente, todos mis tubos fueron retirados, y se me transfirió de terapia intensiva a sala de recuperación, con una prognosis excelente.
A la semana de la visita del obispo, regresé a casa sintiéndome de maravillas. De nuevo, se me dijo que no sería posible ir de compras o hacer cosas por el estilo con mi esposa por bastante tiempo, ya que cualquier actividad me debilitaría. Aún, pude hacer todas estas cosas - incluso caminar e ir de compras- al cabo de otra semana más.
Me he recuperado ahora totalmente y aún me siento estupendamente, porque sé que Dios está conmigo.
Le agradezco a Dios con todo mi corazón, a Nuestra Santa Madre - Nuestra Señora de Garabandal- a los doctores y enfermeras, a Helen y a Mike, y finalmente al obispo Danylak. Todos ellos, siervos, a quienes Dios les confió esta maravillosa tarea de sanarme.
George y Wanda Retzlaff Puerto Dover, Ontario, Canadá Marzo de
2001
PS: Wanda ahora zurce escapularios en su tiempo libre para los Trabajadores
de Nuestra Señora, como una manera de ayudar a otros a acercarse
al amor de María Madre.
Traducido por: Dr. Walter dos Santos Antola, Paraguay.(03/2002)
